ΓΙΑ ΟΣΟΥΣ ΑΓΑΠΟΥΝ ΦΑΝΑΤΙΚΑ ΤΟ ΤΑΝΓΚΟ ΚΑΙ ΤΟ ΠΟΔΟΣΦΑΙΡΟ

Para todos aquellos fánaticos del tango y del fútbol acá les dejo un compilado de tangos que hacen referencia a estas dos pasiones populares. Que lo disfruten !!!

Εμφάνιση αναρτήσεων με ετικέτα CLUB ATLÉTICO INDEPENDIENTE. Εμφάνιση όλων των αναρτήσεων
Εμφάνιση αναρτήσεων με ετικέτα CLUB ATLÉTICO INDEPENDIENTE. Εμφάνιση όλων των αναρτήσεων

Τετάρτη 3 Οκτωβρίου 2012

ΕΝΑ ΔΙΗΓΗΜΑ TOY ΕΔΟΥΑΡΔΟ ΣΑΤΣΕΡΙ ΓΙΑ ΤΗΝ ΙΝΤΕΠΕΝΤΙΕΝΤΕ




EDUARDO SACHERI


INDEPENDIENTE MI VIEJO Y YO

“Mirá que esta noche es el partido”, me dijo él. Hizo bien porque uno, a los cinco años, no tiene una conciencia cabal de la periodización del tiempo. Como mucho distingue el sábado y el domingo, porque esos días no hay que ir al jardín, y papá se queda en casa a jugar con uno. Pero con los otros días y las otras noches, la cosa se complica. Por eso sin la advertencia de papá, hecha con el beso de recién llegado del atardecer, yo habría pasado por alto la infinita importancia de esa noche.Los preparativos fueron los de siempre. Mientras él encendía el Stromberg-Carlson con suficiente antelación para darle tiempo a las válvulas, yo le pedí a mamá la ropa apropiada para el evento. Primero se negó a lo del pantaloncito corto, aduciendo que era invierno y que hacía mucho frío. Yo argüí hasta el cansancio que los jugadores juegan con pantalones cortos, y al aire libre. Una salomónica intervención de papá desempantanó por fin el pleito: con pantalón corto, pero sentado cerca de la estufa de kerosene del comedor. Después me puse la camiseta roja con el cuellito blanco, con el once de cuero cosido en la espalda, igualito que Daniel Bertoni. Papá, mientras tanto, iba trayendo la colección de trapos rojos que colgábamos a modo de banderas. Había pañuelos, una frazada, un pulóver, un par de camisas chillonas. La lámpara de pie, el timón de barco que adornaba la pared, varias de las sillas, todos terminaron ocultos en nuestro rito ornamental y futbolero. Cuando llegué, rigurosamente ataviado con los colores reglamentarios, me llené los ojos de banderas rojas. Lo único que nos faltaba era el viento para que flamearan, como en la cancha.Papá se negaba, pese a mis acaloradas argumentaciones, a vestir también el atuendo correspondiente. Nada de camiseta. Y mucho menos de pantalones cortos. A mi me parecía un desperdicio, con tanto trapo rojo disponible y tan a mano. Pero él prefería verlo con su bata de siempre, calzado con sus chinelas ruidosas, con el paquete de Kent y el cenicero, pobrecito, para fumarse los nervios uno por uno.Mientras daban las últimas propagandas, y antes del aviso de “minuto cero del primer tiempo, es tiempo para una ginebra Bols” (o cosa por el estilo) que marcaba la hora señalada, papá se sintió en la obligación de preservarme de desilusiones demasiado abruptas. Me miró como me miraba siempre que tenía algo importante que decirme, con una mezcla de solemnidad y de ternura, con un bosquejo de sonrisa iluminándole los ojos. “Mirá, tipito –empezó, porque él me llamaba de esa manera cuando teníamos que aclarar cosas importantes-, que la cosa viene difícil.” Y volvió a enumerarme todas las dificultades que nos esperaban en esa noche de invierno. Que ellos habían ganado en Brasil, que nos habían pegado un peludo bárbaro, que no sólo teníamos que ganar, sino que debíamos hacerlo por no se qué diferencia de gol. Pero para mi sus argumentos sonaban confusos. ¿Acaso él mismo no me había dicho que Independiente era el rey de copas, que la copa, la copa se mira y no se toca, que los brasileños nos tenían un miedo descomunal, y que en Avellaneda y de noche se morían de frío, y no podían ni levantar las patas del paso? El trató de convencerme de que, pese a la absoluta veracidad de lo dicho en otras ocasiones, esta noche las cosas iban a ser muy difíciles y peliagudas.De todos modos, nos entonamos cantando un par de veces el “si, si señores, yo soy del Rojo”, y algún otro estribillo para ir matando el tiempo. Cuando finalmente se acabaron las propagandas, papá encendió la radio Phillips, con su estuche de cuero, que debía ser la primera portátil de Sudamérica (y la teníamos en casa). Le bajó el volumen a la tele: ambos sabíamos que los relatores de radio son mejores que los otros. Cada uno ocupó su sitio de siempre. El en la cabecera de la mesa, y yo sobre el arcón de mirar la tele. Acercó la estufa de kerosene de ese lado para cumplir lo pactado en cuanto a temperatura corporal con la madre del win izquierdo en el bolsillo.Pero la carne es débil. No importa cuánta preocupación ocupe nuestro pensamiento, ni cuánta angustia agobie nuestro espíritu. Uno siempre termina teniendo hambre, o teniendo sueño, y sucumbiendo a esas necesidades poco altruistas. Empecé a cabecear apenas empezado ese partido inolvidable. Mamá me dijo varias veces que me fuera a la cama. Pero yo seguía ahí, impertérrito, sentado en el arcón, con las patas colgando y pateando en el aire como si estuviese en plena cancha en los escasos momentos de lucidez que tenía en medio de mi mar de sueño.Papá esperó un rato y después me dijo que e fuera, que me quedara tranquilo. Yo protesté que de ninguna manera, que teníamos que seguir ahí los dos, haciendo fuerza con los cantitos y las banderas. El me dijo con aire confiado que no hacía falta, que igual sin mí íbamos a salir campeones, que me quedara tranquilo, que los teníamos de hijos. Ante semejante desparramo de confianza le hice caso y me dormí.A la mañana siguiente mamá me despertó para ir al jardín. Embotado de sueño me dejé vestir, abrigar y conducir a la cocina a tomar la leche. Después ella me sentó en el sillón del living para atarme los cordones, como hacía siempre mientras esperábamos que pasara el micro. Apenas me despabilé un poco recordé la noche de la víspera, y me desesperé preguntándole el resultado del partido. A la luz del día, y después de un sueño reparador, mi deserción de la noche me parecía imperdonable. Ella me miró y dijo no saberlo. Le pregunté por papá, y respondió que aún no se había levantado.Han pasado veinticinco años, pero aunque pasen sesenta voy a recordarlo como si hubiese sucedido hoy. La casa estaba iluminada por uno de esos soles oblicuos y tibios del invierno. Yo tenía el guardapolvo cuadrillé lila y blanco, y la bolsita en el regazo, bien agarrada a la diestra, para no olvidármela (otras veces me había pasado, y me había quedado sin el Jorgito de dulce de leche y sin la taza de plástico para el mate cocido; así que ahora la cuidaba más que a mi vida). De repente oí abrirse la puerta del dormitorio. Y enseguida escuché el clásico arrastrar de las chinelas en el parquet del pasillo. El corazón me dio un vuelco. Lo llamé a los gritos. Entró a las carcajadas, preguntándome el motivo de mi ansiedad. Yo lo interrogué por el resultado, ya totalmente despierto, ya absolutamente pendiente de lo que dijeran sus labios, ya indiferente a mamá terminando de atarme los cordones.El se acercó, se inclinó, me dio un beso de buenos días, y se me quedó mirando con expresión jubilosa. Recién cuando volví a preguntarle me dijo que sí, que claro, que habíamos salido campeones de nuevo, y que no me olvidara en el jardín de decirle a todo el mundo que Independiente había vuelto a salir campeón de América. Yo, aún en medio de mi alegría, me hice el tiempo de preguntarle cómo habíamos hecho, si él me había dicho que era muy difícil, que en Brasil nos habían dado un baile bárbaro, que teníamos que hacerles como tres goles, que en el campeonato de acá andábamos como la mona. El me miró risueño, y sembró una semilla más en el fértil potrero de mis sueños de pibe.“Pero, tipito –empezó, como enunciando una verdad ya reiterada hasta el cansancio-, ¿no te dije que los brasileños ven la camiseta del Rojo y se asustan tanto que no pueden ni mover las patas? ¿No te dije que, con el frío, se quieren volver a su casa a comer bananas para entrar en calor? Por eso te dejé dormir. Porque era tan fácil que nos las rebuscamos sin tu aliento.” Y en medio de mi maravilla impávida, terminó: “Menos mal que te dormiste. Imagináte si te quedás despierto y gritás conmigo: les hacemos veinte goles y no quieren venir a jugar nunca más, y nos quedamos sin nadie a quien ganarle la copa”. Después me levantó en brazos y cantamos “la copa, la copa, se mira y no se toda”, y dimos la vuelta olímpica a los saltos, por toda la casa. Vino el micro y me fui al jardín de infantes.Supongo que ésos son los recuerdos que se le meten a uno en los recovecos del corazón, y echan cría y se nutren de su propio néctar, y nos marcan para toda la vida. Por lo menos así ocurrió conmigo. Y no me avergüenza reconocer que ahora, ya grande, cuando tengo un problema que me agobia, o cuando me toda sufrir por radio y por televisión un partido de Independiente y me como los codos por la ansiedad y la angustia (la vida me enseñó lo inconveniente que puede resultar fumarse los nervios), siento un impulso difícil de dominar, una tentación casi irresistible que me invita a irme a dormir, a abrigarme en la certeza de que mientras yo sueño, mi papá e Independiente, como duendes laboriosos, van a arreglarme el mundo para que yo lo encuentre refulgente en la mañana.Y queda en mí el mandato inexorable que dictan las fidelidades eternas. Cuando Independiente gana un campeonato –al fin y al cabo, Dios y sus milagros evidentemente existen- lo primero que hago, en la cancha o en mi casa, es levantar los brazos y los ojos hacia el cielo, abrazándolo a mi viejo a través de todos los rigores del destino, y por encima de todas las traiciones de la muerte. Lo que pasa es que tratándose del Rojo, de mi viejo y de mí, hay veces que la muerte es una señora que nos tiene un miedo bárbaro. Una vieja podrida a la que, de locales en Avellaneda, le tiramos la camiseta y podemos, de vez en cuando, llenarle la canasta.Todavía me acuerdo de ese número once de cuero blanco, cosido en la camiseta como el de Bertoni. Pero ahora también veo, cuando me fijo con suficiente atención, que mi viejo también lleva lo suyo. Lo tiene ahí, en la espalda, justo a la altura del nacimiento de las alas: un diez de cuero blanco, igualito igualito al de Bochini.”


Πηγή: εδώ.

EDUARDO SACHERI


CLUB ATLÉTICO INDEPENDIENTE

Τετάρτη 29 Αυγούστου 2012

ΕΝΑ ΤΑΝΓΚΟ ΓΙΑ ΤΗΝ ΙΝΤΕΠΕΝΤΙΕΝΤΕ



ΠΑΙΖΟΥΝ ΟΙ VALE TANGO : REY DE COPAS

Uno de los primeros tangos compuesto por Andrés Linetzky. Esta versión está grabada en Tango Baile Salón por el sexteto Vale Tango. Corresponde al año 2007. También este tema aparece grabado en el CD Músicas de noche, editado por la compañía alemana Winter&Winter en el 2002.
El titulo de este tema hace alusión al Club Atlético Independiente, que al momento de ser compuesto este tango, era el club de futbol con mas copas ganadas en el mundo entero.
Otro dato importante es que Vale Tango aparece tocando este tema en la película Assasination tango de Robert Duvall en el año 2000. En esa época Vale Tango todavía era un cuarteto.
Más información en www.valetango.com.ar

One of the first tangos composed by Andres Linetzky.
This version was recorded in Tango Baile Salon by the Vale Tango sextet. Was made in 2007. Also this piece appears in the Winter&Winter german company CD called Musicas de noche, released on 2002.
The title of this piece is dedicated to the Club Atletico Independiente, for the moment that this song was composed; Independiente was the football club with more cups wins all around the world.
Another important fact is that Vale Tango appears on Assassination tango film, realized by Robert Duvall in 2000.
For that time Vale Tango was a quartet.


ANDRÉS LINETZKY
VALE TANGO
 

CLUB ATLÉTICO INDEPENDIENTE



Παρασκευή 13 Ιουλίου 2012

ΕΝΑ ΠΟΙΗΜΑ ΓΙΑ ΤΗΝ ΙΝΤΕΠΕΝΤΙΕΝΤΕ


AUTOR DESCONOCIDO


COMO EXPLICAR CON PALABRAS

Cómo explicar con palabras
tan hermoso sentimiento
si ver la Roja en la cancha
produce estremecimiento

Cuando levantas los brazos
y saludas a la gente
Uno siente desde el alma
ser hincha de Independiente

Los levantaste en América
con distintos jugadores
para ganar con esfuerzo
tus siete Libertadores

Los alzaste nuevamente
en Italia y en Japón
para que el mundo supiera
de tu estampa de campeón

Los volviste a levantar
esta vez en la Argentina
y la ansiada Supercopa
ya descansa en tu vitrina

Entonces uno comprende
qué más se puede pedir
sólo ver los brazos en alto
para poder aplaudir

Por eso querido Rojo
yo te quiero homenajear
porque junto con mi vieja
sos lo más grande que hay.


Τετάρτη 4 Ιουλίου 2012

ΕΝΑ ΜΠΟΛΕΡΟ ΓΙΑ ΤΗΝ ΙΝΤΕΠΕΝΤΙΕΝΤΕ






HIMNO DEL CLUB ATLÉTICO INDEPENDIENTE

Somos los de Independiente
de pierna fuerte y templada.
Guapos para una jornada,
dignos de un team muy valiente.

Siempre luchamos unidos,
sin llamarnos temerarios.
Saludamos al contrario,
vencedores o vencidos.

Luchamos sin ambiciones,
no tenemos avaricia.
Nada mas que la malicia,
tenemos en ocasiones.

Pondremos siempre altanera
nuestra divisa granate.
Y en medio de un gran combate,
flameara nuestra bandera.
Y a de gritar el que pueda,
siguiendo nuestra corriente.

¡Urras al Independiente del pueblo de Avellaneda!
¡Urras al Independiente del pueblo de Avellaneda!
¡Urras al Independiente del pueblo de Avellaneda! 


Στίχοι & μουσική: Amadeo Larralde
Έργο του 1908.

AMADEO LARRALDE COMPONE EL HIMNO
Uno de estos muchachos, el más aguerrido, el caudillo por naturaleza, el que se colocó la cinta de capitán y asumió la tarea de conformar los equipos de Independiente: Amadeo Larralde, tomó para sí el honor ese mismo año 1908, de componer el Himno que todos los jugadores entonaban en la casilla (vestuario) antes de salir a disputar los partidos, esta oda se hizo tan popular que todos los simpatizantes la cantaban cuando salían en caravana festejando los primeros triunfos por las calles de Avellaneda. Se desconoce el porqué algunas personas insisten en atribuir la autoría del mismo a Arturo Fernández Silva, ex secretario de Racing Club, quien en 1908 ni siquiera pertenecía a Independiente, puesto que se incorpora al mismo recién en 1909. Otros menos informados le han atribuido la autoría a Ángel Vargas o a Antonio Helú, quienes en 1908 andaban en pañales.
Πηγή: εδώ.

Ο ύμνος ακούγεται και εδώ.



Η ομάδα του 1908:
 Última fila: Pedro Pellerano (referee); Tomás Cafferrata, Florencio Romero, Miguel Larralde, Pedro García (de cívil), Deluchi padre (linesman).
Fila del medio: Carlos Degiorgi (secretario), Carlos Moretti, Balbino Ochoa, Amadeo Larralde. 
Primera fila: Santiago García, Juan Collazo, Manuel Deluchi, Braulio Ibáñez y Germán Vadaillac. 


Η ομάδα του 1909: José Buruca Laforia; Manuel Deluchi y Balbino Ochoa; Carlos Moretti; Roberto Scala y Amadeo Larralde; Juan Collazo, Miguel Larralde; Pedro García, Francisco Viegas y Amadeo Chiarella. 










Εδώ και με τη τη φωνή της Patricia Sosa.

Παρασκευή 22 Ιουνίου 2012

ΕΚΤΩΡ ΒΑΡΕΛΑ & ΕΚΤΩΡ ΓΙΑΣΑΛΔΕ


HÉCTOR VARELA

PARA VOS CHIROLA

Το ακούμε εδώ και εδώ.

 Ηomenaje a HÉCTOR CASIMIRO YAZALDE, jugador talentoso y goleador efectivo de Club Atlético de Independiente.




Hector Varela Y Su Orquesta Tipica* ‎– Milonguendo En El 40
Label: EMI-Odeon S.A.I.C. – SLDB 1047
Format: Vinyl, LP
Country: Argentina
Released: 1971
Genre: Latin
Style: Tango



HÉCTOR VARELA

 ******************

Φάσεις από τον ποδοσφαιρικό βίο του Γιασάλδε εδώ.








 

Παρασκευή 1 Ιουνίου 2012

ΔΥΟ ΤΑΝΓΚΟ ΓΙΑ ΤΗΝ ΙΝΤΕΠΕΝΤΙΕΝΤΕ



ALFREDO GOBBI: INDEPENDIENTE CLUB
Grabación de 1970


********************************************



ORQUESTA ALFREDO GOBBI: INDEPENDIENTE CLUB
ORQUESTA HÉCTOR VARELA: LOS DIABLOS ROJOS 

********************************************


ALFREDO GOBBI




ORQUESTA ALFREDO GOBBI

HÉCTOR VARELA

ORQUESTA HÉCTOR VARELA



INDEPENDIENTE CLUB