ΤΡΑΗΟΥΔΑΕΙ Ο WASHINFTON "EL CANARIO" LUNA: ΥΜΝΟΣ ΓΙΑ ΤΟΝ ΑΛΒΕΡΤΟ ΣΠΕΝΣΕΡ
ΓΙΑ ΟΣΟΥΣ ΑΓΑΠΟΥΝ ΦΑΝΑΤΙΚΑ ΤΟ ΤΑΝΓΚΟ ΚΑΙ ΤΟ ΠΟΔΟΣΦΑΙΡΟ
Para todos aquellos fánaticos del tango y del fútbol acá les dejo un compilado de tangos que hacen referencia a estas dos pasiones populares. Que lo disfruten !!!
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Κυριακή 26 Αυγούστου 2018
ΥΜΝΟΣ ΓΑ ΤΟΝ ΑΛΒΕΡΤΟ ΣΠΕΝΣΕΡ
ΤΡΑΗΟΥΔΑΕΙ Ο WASHINFTON "EL CANARIO" LUNA: ΥΜΝΟΣ ΓΙΑ ΤΟΝ ΑΛΒΕΡΤΟ ΣΠΕΝΣΕΡ
Σάββατο 25 Ιανουαρίου 2014
ΑΛΒΕΡΤΟ ΠΕΔΡΟ ΣΠΕΝΣΕΡ
ΤΡΑΓΟΥΔΑΕΙ Ο EL CANARIO LUNA: ALBERTO PEDRO SPENCER
NACIMIENTO: Ancón (Ecuador), 6 de diciembre de 1937
POSICIÓN: Denlantero
AÑOS EN PEÑAROL: Desde 1960 hasta 1970
PRINCIPALES TÍTULOS CON PEÑAROL: Campeón uruguayo en 1960, 1961, 1962, 1964, 1965, 1967, 1968; campeón de Libertadores en 1960, 1961, 1966; y campeón Intercontinental en 1961 y 1966. Supercopa de Campeones Intercontinentales en 1969.
EL CANARIO LUNA
ALBERTO PEDRO SPENCER
POSICIÓN: Denlantero
AÑOS EN PEÑAROL: Desde 1960 hasta 1970
PRINCIPALES TÍTULOS CON PEÑAROL: Campeón uruguayo en 1960, 1961, 1962, 1964, 1965, 1967, 1968; campeón de Libertadores en 1960, 1961, 1966; y campeón Intercontinental en 1961 y 1966. Supercopa de Campeones Intercontinentales en 1969.
- Jugó 519 partidos en Peñarol marcando 326 goles -
– Es el maximo goleador de la Copa Libertadores de America (54 goles) -
– 6 Goles en la Copa Intercontinental, quedando abajo de Pele (maximo artillero con 7) -
– Jugó 87 partidos en 11 ediciones de la Libertadores -
– Jugó un total de 37 clásicos del futbol uruguayo y solamente perdio 4 -
– Es el maximo goleador de la Copa Libertadores de America (54 goles) -
– 6 Goles en la Copa Intercontinental, quedando abajo de Pele (maximo artillero con 7) -
– Jugó 87 partidos en 11 ediciones de la Libertadores -
– Jugó un total de 37 clásicos del futbol uruguayo y solamente perdio 4 -
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL
Ετικέτες
ΤΡΑΓΟΥΔΙ,
ALBERTO PEDRO SPENCER,
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL,
EL CANARIO LUNA,
PEÑAROL,
SPENCER (ALBERTO PEDRO)
Παρασκευή 24 Ιανουαρίου 2014
Παρασκευή 26 Οκτωβρίου 2012
120 ΧΡΟΝΙΑ ΠΕΝΙΑΡΟΛ
DIEGO PÉREZ
LE PUSO LETRA Y MÚSICA AL SENTIMIENTO DE UN PUEBLO
Una de las tantas veces que en medio de sus caminatas
diarias Roberto Martínez Barone se cruzó en la rambla con el vicepresidente de
Peñarol, Edgar Welker, lo paró y le confesó su deseo de "hacer algo grande
para resaltar el título de campeón del siglo" obtenido por el club de sus
amores.
Y a un hombre reconocido en el ambiente
"marketinero" y que en el mundo de la música tiene como tarjeta de
presentación ser ganador del primer Festival Atlántico de la Canción, se le
tenía que ocurrir algo así: escribir el "Himno del Campeón del
Siglo".
En el seno aurinegro, que se prepara para festejar a lo
grande el aniversario 120 del club, en septiembre, la idea fue recibida con
entusiasmo y rápidamente comenzaron las reuniones que terminaron con el estreno
del tema, en Colonia, el día de la presentación del plantel que lucha por la
retención del Uruguayo y sueña con la sexta Libertadores.
"Fue gratificante recibir el apoyo que recibí del club
y que, en definitiva, se me permitiera realizarle este homenaje a
Peñarol", contó Martínez Barone, cuya creación ha sido reproducida más de
40.000 veces en Internet.
Como lo hace siempre, el músico contó con el maestro Raúl
Medina para los arreglos. Así lo hace con cada "jingle" que compone
para empresas y medios de comunicación este hombre que tiene a muchas de sus
letras en manos de artistas como Luis Miguel y Julio Iglesias y que a los 17
años participó como cantante en giras de Palito Ortega, Lalo Fransen, Nicky
Jones o Raúl Lavié, a quien menciona como uno de sus padrinos artísticos.
"Pusimos como condición que los cantantes fueran
hinchas `a muerte` de Peñarol", contó Martínez Barone. Y así, en los
estudios de Sondor pusieron su voz él, Julio Pérez (de los más reconocidos
murguistas), Damián Dewaily (mejor arreglador de coros del Carnaval en 2010),
Felipe Castro (Falta y Resto), Florencia Pasquet y Gabriel Groba.
La idea de Martínez es hoy una emocionante realidad y su
creación eriza a cualquiera que se precie de tener el corazón amarillo y negro.
ROBERTO MARTÍNEZ BARONE
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL
Ετικέτες
ΑΡΘΡΟ,
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL,
LE PUSO LETRA Y MÚSICA AL SENTIMIENTO DE UN PUEBLO,
MARTÍNEZ BARONE (ROBERTO),
PEÑAROL,
PÉREZ (DIEGO)
Σάββατο 13 Οκτωβρίου 2012
120 ΧΡΟΝΙΑ ΠΕΝΙΑΡΟΛ!
JULIO PÉREZ
HIMNO DE PEÑAROL –
120 AÑOS
Mi corazón,
palpita y se estremece...
cuando me envuelve el mirasol de tu bandera
y esta pasión, que cada día crece y crece
como vos siempre florece año a año en Primavera
¡Sos mi locura y mi pasión
tuya es mi vida PEÑAROL
como decirte de una vez cuánto te quiero!
¡Por eso canto a viva voz
y este homenaje es para vos
y a cuatro vientos que lo escuche el mundo entero!
¡¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
CAMPEON DEL SIGLO te lo dice el mundo entero!!
¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
adentro de mi corazón sos el primero!
Oro y carbón, me corren por las venas
y me convenzo de que fue un bendito hechizo
quiero abrazar, al duende que lo hizo, he tocado el paraíso
¡¡SOY HINCHA DE PEÑAROL!!
CAMPEON DEL SIGLO PEÑAROL
Manya querido mirasol
sos carbonero y aurinegro de mi alma
te llevo en mi corazón, dulce locura mi pasión
sólo tu oro y el carbón me traen la calma
¡¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
CAMPEON DEL SIGLO te lo dice el mundo entero!!
¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
adentro de mi corazón sos el primero!!
Que más pedir, si el mundo reconoce
CAMPEON DEL SIGLO a tan grandes jugadores
que han demostrado, en 100 años ser mejores
A PESAR QUE OTROS LO LLOREN
¡¡VIVA SIEMPRE PEÑAROL!!
Campeón querido PEÑAROL
me vuelvo loco cuando un gol
infla las redes perforando algún arquero
¡¡Cierro los puños con pasión
y elevo al cielo mi emoción
vos sos mi vida y religión yo te venero!!
¡¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
CAMPEON DEL SIGLO te lo dice el mundo entero!!
¡¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
adentro de mi corazón sos el primero!!
cuando me envuelve el mirasol de tu bandera
y esta pasión, que cada día crece y crece
como vos siempre florece año a año en Primavera
¡Sos mi locura y mi pasión
tuya es mi vida PEÑAROL
como decirte de una vez cuánto te quiero!
¡Por eso canto a viva voz
y este homenaje es para vos
y a cuatro vientos que lo escuche el mundo entero!
¡¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
CAMPEON DEL SIGLO te lo dice el mundo entero!!
¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
adentro de mi corazón sos el primero!
Oro y carbón, me corren por las venas
y me convenzo de que fue un bendito hechizo
quiero abrazar, al duende que lo hizo, he tocado el paraíso
¡¡SOY HINCHA DE PEÑAROL!!
CAMPEON DEL SIGLO PEÑAROL
Manya querido mirasol
sos carbonero y aurinegro de mi alma
te llevo en mi corazón, dulce locura mi pasión
sólo tu oro y el carbón me traen la calma
¡¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
CAMPEON DEL SIGLO te lo dice el mundo entero!!
¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
adentro de mi corazón sos el primero!!
Que más pedir, si el mundo reconoce
CAMPEON DEL SIGLO a tan grandes jugadores
que han demostrado, en 100 años ser mejores
A PESAR QUE OTROS LO LLOREN
¡¡VIVA SIEMPRE PEÑAROL!!
Campeón querido PEÑAROL
me vuelvo loco cuando un gol
infla las redes perforando algún arquero
¡¡Cierro los puños con pasión
y elevo al cielo mi emoción
vos sos mi vida y religión yo te venero!!
¡¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
CAMPEON DEL SIGLO te lo dice el mundo entero!!
¡¡Cuánto te quiero PEÑAROL, cuánto te quiero
adentro de mi corazón sos el primero!!
Στίχοι: Roberto
Martínez Barone.
Μουσική: Raúl Medina.
Ετικέτες
ΟΥΡΟΥΓΟΥΑΗ,
ΤΡΑΓΟΥΔΙ,
ΥΜΝΟΣ,
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL,
HIMNO DE PEÑAROL 120 AÑOS,
MARTÍNEZ BARONE (ROBERTO),
MEDINA (RAÚL),
PEÑAROL,
PÉREZ (JULIO)
Παρασκευή 28 Σεπτεμβρίου 2012
ΕΝΑ ΚΑΝΤΟΜΠΕ ΓΙΑ ΤΗΝ ΠΕΝΙΑΡΟΛ
SOY AURINEGRO
Y DALE DALE LOS PEÑAROLES
Y dale dale, los peñaroles,
y dale dale, de corazón,
porque esta barra tan bullanguera,
con toda el alma te viene hoy a alentar.
Y si señores, soy aurinegro,
y si señores, de Peñarol,
y en esta tarde, tan futbolera,
el hincha espera, tu acción triunfal.
Y dale, dale, los peñaroles,
y dale, dale, de corazón,
porque esta barra tan bullanguera,
con toda el alma te viene hoy a alentar.
Si sí, señores, soy aurinegro,
si sí, señores, de Peñarol,
y en esta tarde tan futbolera
el hincha espera tu acción triunfal.
porque esta barra tan bullanguera,
con toda el alma te viene hoy a alentar.
Y si señores, soy aurinegro,
y si señores, de Peñarol,
y en esta tarde, tan futbolera,
el hincha espera, tu acción triunfal.
Y dale, dale, los peñaroles,
y dale, dale, de corazón,
porque esta barra tan bullanguera,
con toda el alma te viene hoy a alentar.
Si sí, señores, soy aurinegro,
si sí, señores, de Peñarol,
y en esta tarde tan futbolera
el hincha espera tu acción triunfal.
Ετικέτες
ΚΑΝΤΟΜΠΕ,
ΟΥΡΟΥΓΟΥΑΗ,
ΤΡΑΓΟΥΔΙ,
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL,
PEÑAROL,
SOY AURINEGRO,
Y DALE DALE LOS PEÑAROLES
Δευτέρα 24 Σεπτεμβρίου 2012
ΤΑ ΜΑΥΡΑ ΑΣΤΕΡΙΑ
El Club Atlético Peñarol es una institución deportiva de Uruguay, ubicada
en la ciudad de Montevideo. Fue fundado el 28 de septiembre de 1891 bajo la
denominación de Central Uruguay Railway Cricket Club o también conocido como
CURCC.4 El nombre Peñarol deriva de la ciudad italiana de Pinerolo en la región
de Piamonte. Desde sus inicios, los colores que han
identificado al club son el amarillo y el negro, tomados de la Locomotora
Rocket y representativos del gremio ferroviario en general.
LAS
ESTRELLAS NEGRAS
UN TANGO PARA PEÑAROL (1969)
Τρίτη 18 Σεπτεμβρίου 2012
ΦΩΝΑΖΟΝΤΑΣ ΤΟ ΟΝΟΜΑ ΤΗΣ ΠΕΝΙΑΡΟΛ
GRITAR PEÑAROL
Lista de temas:
01- El himno de Peñarol
02- Siete Letras
03- Peñarol, te vinimos a ver
04- Peñarol carajo
05- Volveremos
06- Peñarol pa todo el mundo
07- La barra de la amsterdam
08- El cuadro del siglo
09- Primer taquito de oro
10- Te sigo a todas partes
11- El romance del entreala
12- La barra de la amsterdam
13- Cuerda de tambores
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL
Πέμπτη 13 Σεπτεμβρίου 2012
ΕΝΑ ΤΑΝΓΚΟ ΤΟΥ 50 ΓΙΑ ΤΗΝ ΠΕΝΙΑΡΟΛ
El video es de
1999, con imágenes del clásico de "la fuga" del 9 de ocutbre de 1949,
día en que Nacional no se presentó a jugar el 2º tiempo, cuando Peñarol ganaba 2 a 0 y pintaba para goleada.
ΤΡΑΓΟΥΔΑΕΙ Ο LUIS ALBERTO FLEITAS:
Y SIEMPRE PEÑAROL
Μουσική: Juan
Esteban Martínez "Pirincho"
Στίχοι:
Juan
Esteban Martínez "Pirincho", Edgardo Marchese e Reinaldo Yiso
Orquesta "Pirincho"
Ετικέτες
ΟΥΡΟΥΓΟΥΑΗ,
ΤΡΑΓΟΥΔΙ,
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL,
MARCHESE (EDGARDO),
MARTÍNEZ (JUAN ESTEBAN PIRINCHO),
ORQUESTA PIRINCHO,
PEÑAROL,
YISO (REINALDO)
Παρασκευή 10 Αυγούστου 2012
ΕΝΑ ΤΑΝΓΚΟ ΓΙΑ ΤΗΝ ΠΕΝΙΑΡΟΛ
PEGADITA AL
CHANFLE
En algún callejón de arboleda baja,
gallineros, parras, tinto y luna rea,
estampada a un portón puse en pie mi sombra
y crecí dribleando mulas basureras.
Pegadita al chanfle
llevaba la vida
por las polvaredas
y de esquina a esquina...
Sin más dios que Gardel, un par de Charrúas
y una pinta rala de urso piorrea,
por rodarla rodé canchas, carreteras,
bolichones, timbas y noches guerreras.
Pegadita al chanfle
me sentía el dueño
del camino, el mundo,
la verdad y los sueños...
No iba mal ni iba bien, pero el pan con grasa
con el mate amargo me sacaba en ancas.
Y por ahí, Peñarol (Ghiggia, Hoberg, Miguez,
Schiafino, Obdulio) me besaba el alma.
Pegadita al chanfle
por Montevideo
cruzaba el sereno
y a escaviar al puerto...
Un buen día pasó que en la ferrugienta
luna de un espejo me miré la cara,
y algo no me gustó: ya era un veterano
de los mitos rantes, el hambre y la nada.
Pegadita al chanfle
me interné en el aréa
y empezó la leña
seca y a mansalva...
En algún callejón de arboleda baja,
gallineros, parras, tinto y luna rea,
estampada a un portón puse en pie mi sombra
y crecí dribleando mulas basureras.
Pegadita al chanfle
llevaba la vida
por las polvaredas
y de esquina a esquina...
Sin más dios que Gardel, un par de Charrúas
y una pinta rala de urso piorrea,
por rodarla rodé canchas, carreteras,
bolichones, timbas y noches guerreras.
Pegadita al chanfle
me sentía el dueño
del camino, el mundo,
la verdad y los sueños...
No iba mal ni iba bien, pero el pan con grasa
con el mate amargo me sacaba en ancas.
Y por ahí, Peñarol (Ghiggia, Hoberg, Miguez,
Schiafino, Obdulio) me besaba el alma.
Pegadita al chanfle
por Montevideo
cruzaba el sereno
y a escaviar al puerto...
Un buen día pasó que en la ferrugienta
luna de un espejo me miré la cara,
y algo no me gustó: ya era un veterano
de los mitos rantes, el hambre y la nada.
Pegadita al chanfle
me interné en el aréa
y empezó la leña
seca y a mansalva...
Στίχοι και μουσική: Manuel Picón.
*********************************
TANGOS RABIOSAMENTE URUGUAYOS
01 Dieciocho y minas
02 Pegadita al chanfle
03 Vino turbio
04 La barra en orsai
05 De rastron Picon
06 Callejon sin veredas
07 Tres mil a dos
08 El cotorra ya no juega
09 Alquitran Picon
10 Los muchachos del nocturno
02 Pegadita al chanfle
03 Vino turbio
04 La barra en orsai
05 De rastron Picon
06 Callejon sin veredas
07 Tres mil a dos
08 El cotorra ya no juega
09 Alquitran Picon
10 Los muchachos del nocturno
Manuel Picón
H PEÑAROL TOY 1950
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL
Ετικέτες
ΟΥΡΟΥΓΟΥΑΗ,
ΠΟΙΗΣΗ,
ΤΡΑΓΟΥΔΙ,
CLUB ATLÉTICO PEÑAROL,
PEGADITA AL CHANFLE,
PEÑAROL,
PICÓN (MANUEL)
Παρασκευή 18 Μαΐου 2012
WILMAR EVERTON CARDAÑA
WILMAR
EVERTON CARDAÑA, NÚMERO 5 DE PEÑAROL
por Roberto
Fontanarrosa
Porque yo lo
conoci a Cardaña. Y porque lo conoci a Cardaña puedo afirmar que mucho
se equivocan aquellos que juzgaron o juzgan al aspero centrehalf peñarolense a
traves de la imagen recogida en los campos de juego.
Yo se que es dificil imaginar, suponer, adivinar, una personalidad tierna y sensible escondida tras la carnadura hosca y prepotente del capitan de los aurinegros. Yo entiendo que no es sencillo intuir el gesto amable o la frase cordial en un hombre que hizo del encontronazo cruel, la pierna arriba o el gesto acerbo, una marca personal e indeleble a lo largo de su prolongada campaña. A lo sumo, admito, era factible entrever en el la grandeza, el coraje y una hombria de bien reconocida incluso por aquellos que fueron sus victimas, encarnizados rivales o detractores.
Pero yo lo conoci a Cardaña y creo que fui uno de los pocos privilegiados que pudo compartir su circulo aulico, cimentado en el respeto mutuo y los afectos sobreentendidos. Y fue ese respeto, ese sobreentendido. el que me permitio ser testigo de un hecho, de una anecdota, que echa por tierra el equivocado concepto de considerar a Wilmar Everton Cardaña como un mero cacique huraño, un rispido patron de la media cancha, temido y evitado por los rivales. Cuantas veces el insulto hiriente, el epiteto injusto, el cantico soez, cayo desde la graderia rival sobre la humanidad generosa de mi amigo! Sin duda alguna, muchos de aquellos que ayer desgranaron los mas pesados e injuriosos improperios contra Wilmar Everton Cardaña se sentiran incomodos o arrepentidos al finalizar de leer esta nota que revela la otra cara del idolo deportivo. Cuanta nobleza habitaba el pecho inconmensurable de Wilmar! Cuanto valor civico podia esconderse bajo el glorioso numero cinco prendido a la mirasol peñarolense, ya fuera sobre el cesped del Estadio Centenario, en cualquier campo de la vecina Buenos Aires, o en la grama misma de tantos y tantos estadios brasileños donde los fragiles y siempre pusilanimes morenos le temian como a una figura mitologica !
No por nada, mi amigo y colega Pablo Aladino Puseya, inolvidable periodista, desaparecido ya, que supo firmar sus columnas en "El Tero Alerta" de Rocha con el ingenioso pseudonimo de "Banderin de Corner", bautizo a Cardaña como "El Hombre". Asi, a secas, con mayusculas, porque supo advertir en Cardaña al luchador indoblegable, al deportista cabal de verguenza invicta, mas alla de la circunstancial controversia sobre un puntapie a destiempo o una fractura expuesta. Tiempo despues, algun picaro modifico el apelativo para extenderlo a "El Hombre de Roble", lo que, en si, parecia configurar un elogio a la increible solidez de sus piernas ligeramente chuecas, pero que en verdad escamoteaba la verdadera intencion del apodo, que aproximaba a Cardan~a a la infame condicion de "tronco". Lo avieso de la maniobra lo certifica el hecho de que esta deformacion de su apodo fue adaptada velozmente por los seguidores de Nacional. Y no quedo alli la cosa, porque despues de aquel desgraciado incidente con Fanego (el veloz punterito de Huracan Buceo que se destrozara una clavicula contra el alambrado olimpico en un cruce fortuito con Cardaña) parte de un periodismo no propiamente imparcial, paso a llamarlo "El Hombre de Neanderthal". Quisiera que esta anecdota, que puedo contar dado el particular contacto que tuve con el caudillo indiscutible de Peñarol, eche algo de luz sobre la "leyenda negra" que sobre el se derramara desaprensivamente. A mucho tiempo de los hechos, pienso que el mismo Cardaña, refugiado hoy en la paz y el reposo de su hogar en Treinta y Tres, me perdonara que refiera lo ocurrido en circunstancias de aquella historica final del 54, tema que el, por pudor y humildad, jamas quiso develar. Puede que el relato aporte tambien nuevas referencias a los amigos tangueros, ya que lo sucedido en torno a esa final inolvidable fue inmortalizado en un tango que, precisamente, lleva por nombre "La numero cinco". La anecdota revelara que el titulo de la pieza se refiere a la casquivana pelota de futbol, y no al numero que lucia la camiseta de Wilmar Everton Cardaña sobre sus dorsales, ni al que identificaba (este fue un rumor poco serio y malintencionado) a una damisela aspirante al trono de "Miss Paysandu" y por quien, dicen, suspiraba el inspirado compositor de tangos.
Aquella mañana del 3 de noviembre de 1954 llegue al hotel Olinto Gallo, donde se alojaba habitualmente el plantel de Peñarol, palpitando encontrarme con un clima de nervios y tension, acorde con la magnitud del gran encontronazo final con el clasico enemigo de todos los tiempos: Nacional. Habia una efervescencia formidable en Montevideo y los tamborines de la murga "Los que pelan la chaucha" no habian dejado de atronar el barrio de La Tumba en toda la noche. Sin embargo, me halle con un grupo de muchachos --jugadores, tecnicos y dirigentes-- departiendo mansamente luego del desayuno, al parecer olvidados de la proximidad de la justa. Pero esa primera impresion fue efimera. Algun gesto falso, ciertas torpezas en los movimientos, un par de respuestas destempladas o el rechinar penetrante de algunas dentaduras, denotaban el crispamiento interior, el desgarro insoportable de la espera.
Pregunte por Cardaña y me contestaron que el recio capitan se habia retirado a su habitacion luego de merendar. Subi a su pieza, con la familiariedad que me conferia su actitud amistosa hacia mi, y me invito a pasar con un gruñido. Wilmar Everton Cardaña era hombre de pocas palabras, muy pocas, como todo hombre criado en el campo, entre vacas y animales poco propensos al dialogo. Creo que hasta ese dia --y ya llevabamos mas de dos años de amistad--, solo le habia contabilizado nueve palabras, monosilabicas en su mayoria. Y vale la pena consignar que mas de la mitad de ellas las habia gastado en una sola frase, previa a otro partido importante, cuando levantandose imprevistamente de una tertulia, anuncio: "Permiso, voy a ir al baño". Era asi, directo, franco, hombre de llamar al pan, pan, y al vino, vino, y no podian esperarse de el frases grandilocuentes o inflamados discursos. De mas esta decir que era la tortura de los periodistas radiales quienes, mas de una vez, debieron quitarle los auriculares sin haber obtenido de el ni un dato, ni un nombre, ni una fecha. Encontre a un Cardaña taciturno y cariacontecido, cosa que atribui a la resposabilidad del partido de la tarde. En aquella epoca no habian proliferado las lineas de ropa deportivas; por lo tanto, en las concentraciones, los players usaban sus propios atuendos a veces de gustos caprichosos o discutibles. Cardaña llevaba puesto un saco marron, colocado al reves, o sea, con la pechera sobre la espalda, lo que lo hacia parecer sujeto por un chaleco de fuerza.
--Es por el pecho-- me dijo, señalandose el cuello. Yo sabia que sufria de severas anginas de pecho. El cigarrillo --aquellos cigarritos negros "Barbudas", de la epoca, que solia lucir detras de la oreja durante los partidos-- le habia instalado una tos seca en el pulmon derecho y una tos convulsa en el izquierdo. Parecia mentira que un hombre que fumaba como el, casi siete etiquetas por dia, pudiese tener ese despliegue incesante y depredador en el campo de juego. Cuantos jugadores de hoy en dia, con los tan mentados y publicitados sistemas de entrenamiento, dietas especiales y cuidados dignos de una odalisca quisieran poseer aquella inagotable capacidad fisica que acreditaba Cardaña, aun considerando sus excesos y descuidos! Cuantos de los señoritos de hoy en dia, atentos siempre a sus peinados y manicuras, se hubieran atrevido a mostrarse a la prensa en saco de calle vuelto del reves, camiseta musculosa debajo y pantalon pijama, sin temor a ser el hazmerreir o al escarnio!
En la misma habitacion de Cardaña estaba Nelson Amadeus Farragudo, aquel implacable marcador de punta, el del gol agonico al Wanderers en el 49, de sombrero de fieltro sobre los ojos, tomando mate. Le decian "El Buitre" Farragudo, no solo por la nauseabunda peladura de su cuello, sino porque, cual la conocida ave carroñera, era quien caia sobre los restos de las victimas de Cardaña, cuando este recibia a los delanteros rivales por el medio de la cancha. Por la mustia actitud de Farragudo --mitigaba el sonido del mate cubriendose la cabeza con una toalla-- comprendi que algo no andaba bien en mi amigo, su compañero de pieza, el legendario centrehalf peñarolense.
Por si no lo he dicho, Wilson Everton Cardaña tenia una cara de rasgos grandes, muy marcados. Las cejas, negras y pobladas, se juntaban sobre el puente de la nariz. Los ojos, sin ser bellos, eran saltones y parecian querer fugarse por debajo de unos parpados gruesos, de piel porosa como la de los citrus. La nariz era prominente, larga, carnosa, de aletas amplias. La boca se abultaba bajo el bigote generoso y se alargaba hacia los costados, pareciendo que las comisuras profundas podian alcanzar los peludos lobulos de las orejas, tambien enormes. Entre estos lobulos y la boca, sin embargo, se interponian dos ondonadas como tajos, arrancando desde los pomulos protuberantes para bajar y delimitar con claridad el menton avanzado y desfiante. Daba la impresion de que uno podia tomar esa porcion inferior de la cara, por aquellos surcos que partian de las mejillas, y quitarla de alli, como si fuese un aditamento plastico removible. Habia en ese rostro algo perturbador y obsceno pero, al mismo tiempo, sobrecogedor. Era como contemplar un fiordo inmemorial, un precipicio de roca desnuda, el magma primigenio. Era asomarse al inicio de la naturaleza. Y ese rostro, aquel dia, estaba transfigurado.
Consciente Cardaña de que yo habia percibido ese clima extraño y dislocado, fue hasta una comoda y saco algo de uno de los cajones. Pronto se me acerco con la facilidad que le daba nuestra confianza mutua, y me extendio una hoja de papel azul.
--Es una carta-- me aclaro.
Lei la carta y, en ella, con una letra despareja, salpicada de errores ortograficos, decia: "Soy casi un niño y, desde hace mucho tiempo, me hallo encerrado en una oscura sala del Hospital Muñoz. Padezco de un mal reversible y, por eso mismo, no estare el domingo en el estadio para alentar al glorioso Peñarol. Si no es mucho pedir, me haria muy feliz tener en mis manos la pelota con que se juege el encuentro, firmada por todo el plantel mirasol. Si es necesario pagar, adjunteme la factura, que oblare gustoso con dinero que he ahorrado privandome de la medicacion. Suyo, Jose Petunio Invenianto, cama 747."
Confieso que termine de leer aquella carta con los ojos nublados por el llanto. Cuantos purretes de hoy en dia, deslumbrados por el artificio de la tecnologia y la banalidad de la computacion, serian capaces de solicitar a su idolo deportivo el humilde y significativo obsequio de una pelota? Cuantos niños de la actualidad, engañados por la urgencia de una sociedad que no sabe de la pausa para la charla amable o la reflexion, tendrian la delicada paciencia de solicitar la pelota para "despues" del partido y no para "antes" del mismo, con todos los inconvenientes que esa voracidad podria provocar en la popular justa? Pero mi sorpresa fue inmensa y total cuando alce los ojos. Alli, delante mio, Wilson Everton Cardaña, "El Hombre", "El Capitan Invicto", "El Hacha" Cardaña estaba llorando. Aquel que hiciera callar de un solo chistido a 150.000 brasileños aterrados en el estadio Pacaembu, cuando la final de la Copa Roca! Aquel que se bajo los pantaloncitos y el canzoncillo punzo para mostrar sus testiculos velludos, uruguayos y celestes a la Reina Isabel en el mismisimo estadio de Wembley! Aquel que ya a los ocho años quebrara en tres partes el tabique nasal a su porfesora de musica en la escuelita sanducense... estaba llorando! Esta cartita escrita sobre el burdo papel azul por aquel botija preso en la fria sala del Hospital Muñoz habia hecho el milagro de ablandar el corazon, en apariencia fiero, del granitico centrehalf de Peñarol y la seleccion uruguaya.
No abundare en detalles ni cedere a la tentacion periodistica de recordar los avatares de aquel partido memorable que termino con el resultado por todos conocido. Calle la historia por mi presenciada en la habitacion de Cardaña, por pudor y por prudencia, consciente de que no saldria de mis labios ese relato, como asi tampoco de los del "Buitre" Farragudo, austero en su vocabulario como en su manejo del balon.
El lunes, al dia siguiente del encuentro, acudi al Hospital Marcelo Muñoz, a ser testigo del final de la historia. Esperaba hallar alli tan solo a Cardaña pero cuan grande seria mi sorpresa al ver a las puertas de nosocomio el plantel integro de Peñarol, algunos aun con la camiseta puesta bajo el saco, deseosos de cumplir con el pedido postal! Y lo increible, lo conmovedor, es que no se habian reunido alli por un acuerdo previo o concertado. Uno a uno, por su propia cuenta, con la misma coordinacion que ponian en el campo de juego para implementar la ley del off-side o presionar a un juez de linea, habian llegado hasta el Muñoz para acompañar al capitan en la entrega del preciado regalo! Cuanto planteles de la actualidad, ahitos de dinero y fama facil, serian capaces de repetir aquella escena, aquella convocatoria, llevada a cabo por hombres simples y cabales, deportista que no conocian los devaneos en torno a contratos fabulosos ni los desplantes exigentes por unas cuantas monedas de oro, antes de comenzar algun encuentro?
Y entonces fue el sinceramiento. Ante esa presencia masiva y espontanea, frente a tanta humanidad enternecida, Wilson Everton Cardaña no aguanto mas y lloro como una criatura. Lo segui yo y luego el plantel. LLoramos abrazados sin avergonzarnos de los facultativos que nos miraban con cierta curiosidad o de los transeuntes que acertaban a pasar por el lugar. Algun periodista, mal periodista, arriesgo luego la mezquina version que el plantel de Peñarol lloraba aun el lunes la ignominia de la abultada derrota, soslayando el hecho irrefutable de que se trataba tan solo de un acto de amor y desprendimiento. Cuantos periodistas de hoy en dia, mercenarios que ponen su pluma al servicio de quien mas paga, habrian hecho exactamente lo mismo que aquel sicario de la prensa amarilla!
Desahogados en parte, pero aun tremulos por lo tocante de la escena, pudimos seguir rumbo a la sala 2, media hora mas tarde. Adelante, Cardaña, con la numero cinco entre sus manos enormes. Atras, yo y el plantel, encolumnados en un remedo de la tantas veces repetida entrada a la cancha.
Y quiero ser cauteloso al narrar lo que sucedio despues, ya que tuvo ciertos rasgos sorpresivos e inesperados. Como asi tambien advertir al lector que mi fidelidad al relato me obliga al uso de palabras que no son de mi predileccion, a pesar de ser moneda corriente en la via publica.
Fue casi simultaneo entrar en la sala 2 e individualizar al pequeño que habia solicitado el obsequio. Tendria doce, trece años y, cubierto por un camison blanco de tela basta, se hallaba de pie sobre su cama, expectante, mirando hacia la puerta como si nos hubiese adivinado. Tal vez el revuelo de enfermeras y doctores lo alerto, quizas la intuicion infantil, o tal vez el hecho de que, nosotros, nos acercabamos cruzando los largos y umbrosos pasillos cantando la Marcha del Deporte. Parecio no dar credito a lo que veian sus ojos, las pupilas se le empañaron y comenzo a temblar como atacado por la fiebre. Impresionado, Cardaña se acerco a el y le entrego la pelota firmada por todos. El pibe la miro, nos miro a nosotros, volvio a mirar la pelota, nos volvio a mirar a nosotros y finalmente grito:
--Hijos de puta! Como pueden perder con eso chotos de Nacional?
Confieso que nos quedamos estupefactos, helados por lo sorpresivo de la agresion.
--Como carajo puede ser que esos putos nos hagan cuatro goles?-- siguio gritando el imberbe, ya absolutamente desaforado, roja la cara, las venas del cuello tensas, como a punto de estallar--. Hijos de mil putas! Troncos de mierda! Metanse la pelota en el culo!
Y, acto seguido, arrojo el balon al rostro de Cardaña, estrellandolo contra su nariz. Vi palidecer al capitan y temi lo peor.
--Vendidos!-- seguia, para colmo, el botija-- Se vendieron como unos miserables! Cuanta guita les pusieron para ir para atras, guachos de mierda?
Vi a Cardaña dar un paso hacia el muchacho y supe que no podria contenerlo.
--Cagones!--vocifero el chico, empinandose hasta caer, casi, de la cama--. Maricones! Vayan a trabajar, ladrones!
Adverti, en el ultimo instante, el brillo asesino de tigre en los ojos de Cardaña, el mismo que habia apreciado tantas veces en las inmediaciones del area, y supe que atacaba. Se lanzo con los dos pies hacia adelante en la temida "patada voladora" y alcanzo al muchacho en pleno torax, de la misma forma que puso fin a la carrera de Alberto Ignacio Murinigo, el prometedor numero nueve del River Plate. Cayeron los dos del otro lado de la cama y, sobre ellos, se abalanzo una docena de enfermeros que se habian acercado atraidos por los gritos del botija.
Salimos destrozados del Muñoz. Los muchachos de Peñarol, heridos hasta lo mas recondito por la injusticia de los agravios recibidos. Yo, por lo estremecedor de la escena presenciada.
Al dia siguiente, un medico de guardia me informo que el chico tenia cuatro costillas fisuradas, lo que obligaria a prolongar su internacion seis meses mas. Tambien me dijo que el botija padecia de una calvicie irreversible, y que habia solicitado permanecer internado a los efectos de no concurrir a una escuela tecnica que detestaba. Que era un buen chico, en verdad muy hincha de Peñarol y que, meses atras, se habia hecho regalar un planeador firmado por un diestro del volovelismo que habia batido un record sudamericano.
Yo se que es dificil imaginar, suponer, adivinar, una personalidad tierna y sensible escondida tras la carnadura hosca y prepotente del capitan de los aurinegros. Yo entiendo que no es sencillo intuir el gesto amable o la frase cordial en un hombre que hizo del encontronazo cruel, la pierna arriba o el gesto acerbo, una marca personal e indeleble a lo largo de su prolongada campaña. A lo sumo, admito, era factible entrever en el la grandeza, el coraje y una hombria de bien reconocida incluso por aquellos que fueron sus victimas, encarnizados rivales o detractores.
Pero yo lo conoci a Cardaña y creo que fui uno de los pocos privilegiados que pudo compartir su circulo aulico, cimentado en el respeto mutuo y los afectos sobreentendidos. Y fue ese respeto, ese sobreentendido. el que me permitio ser testigo de un hecho, de una anecdota, que echa por tierra el equivocado concepto de considerar a Wilmar Everton Cardaña como un mero cacique huraño, un rispido patron de la media cancha, temido y evitado por los rivales. Cuantas veces el insulto hiriente, el epiteto injusto, el cantico soez, cayo desde la graderia rival sobre la humanidad generosa de mi amigo! Sin duda alguna, muchos de aquellos que ayer desgranaron los mas pesados e injuriosos improperios contra Wilmar Everton Cardaña se sentiran incomodos o arrepentidos al finalizar de leer esta nota que revela la otra cara del idolo deportivo. Cuanta nobleza habitaba el pecho inconmensurable de Wilmar! Cuanto valor civico podia esconderse bajo el glorioso numero cinco prendido a la mirasol peñarolense, ya fuera sobre el cesped del Estadio Centenario, en cualquier campo de la vecina Buenos Aires, o en la grama misma de tantos y tantos estadios brasileños donde los fragiles y siempre pusilanimes morenos le temian como a una figura mitologica !
No por nada, mi amigo y colega Pablo Aladino Puseya, inolvidable periodista, desaparecido ya, que supo firmar sus columnas en "El Tero Alerta" de Rocha con el ingenioso pseudonimo de "Banderin de Corner", bautizo a Cardaña como "El Hombre". Asi, a secas, con mayusculas, porque supo advertir en Cardaña al luchador indoblegable, al deportista cabal de verguenza invicta, mas alla de la circunstancial controversia sobre un puntapie a destiempo o una fractura expuesta. Tiempo despues, algun picaro modifico el apelativo para extenderlo a "El Hombre de Roble", lo que, en si, parecia configurar un elogio a la increible solidez de sus piernas ligeramente chuecas, pero que en verdad escamoteaba la verdadera intencion del apodo, que aproximaba a Cardan~a a la infame condicion de "tronco". Lo avieso de la maniobra lo certifica el hecho de que esta deformacion de su apodo fue adaptada velozmente por los seguidores de Nacional. Y no quedo alli la cosa, porque despues de aquel desgraciado incidente con Fanego (el veloz punterito de Huracan Buceo que se destrozara una clavicula contra el alambrado olimpico en un cruce fortuito con Cardaña) parte de un periodismo no propiamente imparcial, paso a llamarlo "El Hombre de Neanderthal". Quisiera que esta anecdota, que puedo contar dado el particular contacto que tuve con el caudillo indiscutible de Peñarol, eche algo de luz sobre la "leyenda negra" que sobre el se derramara desaprensivamente. A mucho tiempo de los hechos, pienso que el mismo Cardaña, refugiado hoy en la paz y el reposo de su hogar en Treinta y Tres, me perdonara que refiera lo ocurrido en circunstancias de aquella historica final del 54, tema que el, por pudor y humildad, jamas quiso develar. Puede que el relato aporte tambien nuevas referencias a los amigos tangueros, ya que lo sucedido en torno a esa final inolvidable fue inmortalizado en un tango que, precisamente, lleva por nombre "La numero cinco". La anecdota revelara que el titulo de la pieza se refiere a la casquivana pelota de futbol, y no al numero que lucia la camiseta de Wilmar Everton Cardaña sobre sus dorsales, ni al que identificaba (este fue un rumor poco serio y malintencionado) a una damisela aspirante al trono de "Miss Paysandu" y por quien, dicen, suspiraba el inspirado compositor de tangos.
Aquella mañana del 3 de noviembre de 1954 llegue al hotel Olinto Gallo, donde se alojaba habitualmente el plantel de Peñarol, palpitando encontrarme con un clima de nervios y tension, acorde con la magnitud del gran encontronazo final con el clasico enemigo de todos los tiempos: Nacional. Habia una efervescencia formidable en Montevideo y los tamborines de la murga "Los que pelan la chaucha" no habian dejado de atronar el barrio de La Tumba en toda la noche. Sin embargo, me halle con un grupo de muchachos --jugadores, tecnicos y dirigentes-- departiendo mansamente luego del desayuno, al parecer olvidados de la proximidad de la justa. Pero esa primera impresion fue efimera. Algun gesto falso, ciertas torpezas en los movimientos, un par de respuestas destempladas o el rechinar penetrante de algunas dentaduras, denotaban el crispamiento interior, el desgarro insoportable de la espera.
Pregunte por Cardaña y me contestaron que el recio capitan se habia retirado a su habitacion luego de merendar. Subi a su pieza, con la familiariedad que me conferia su actitud amistosa hacia mi, y me invito a pasar con un gruñido. Wilmar Everton Cardaña era hombre de pocas palabras, muy pocas, como todo hombre criado en el campo, entre vacas y animales poco propensos al dialogo. Creo que hasta ese dia --y ya llevabamos mas de dos años de amistad--, solo le habia contabilizado nueve palabras, monosilabicas en su mayoria. Y vale la pena consignar que mas de la mitad de ellas las habia gastado en una sola frase, previa a otro partido importante, cuando levantandose imprevistamente de una tertulia, anuncio: "Permiso, voy a ir al baño". Era asi, directo, franco, hombre de llamar al pan, pan, y al vino, vino, y no podian esperarse de el frases grandilocuentes o inflamados discursos. De mas esta decir que era la tortura de los periodistas radiales quienes, mas de una vez, debieron quitarle los auriculares sin haber obtenido de el ni un dato, ni un nombre, ni una fecha. Encontre a un Cardaña taciturno y cariacontecido, cosa que atribui a la resposabilidad del partido de la tarde. En aquella epoca no habian proliferado las lineas de ropa deportivas; por lo tanto, en las concentraciones, los players usaban sus propios atuendos a veces de gustos caprichosos o discutibles. Cardaña llevaba puesto un saco marron, colocado al reves, o sea, con la pechera sobre la espalda, lo que lo hacia parecer sujeto por un chaleco de fuerza.
--Es por el pecho-- me dijo, señalandose el cuello. Yo sabia que sufria de severas anginas de pecho. El cigarrillo --aquellos cigarritos negros "Barbudas", de la epoca, que solia lucir detras de la oreja durante los partidos-- le habia instalado una tos seca en el pulmon derecho y una tos convulsa en el izquierdo. Parecia mentira que un hombre que fumaba como el, casi siete etiquetas por dia, pudiese tener ese despliegue incesante y depredador en el campo de juego. Cuantos jugadores de hoy en dia, con los tan mentados y publicitados sistemas de entrenamiento, dietas especiales y cuidados dignos de una odalisca quisieran poseer aquella inagotable capacidad fisica que acreditaba Cardaña, aun considerando sus excesos y descuidos! Cuantos de los señoritos de hoy en dia, atentos siempre a sus peinados y manicuras, se hubieran atrevido a mostrarse a la prensa en saco de calle vuelto del reves, camiseta musculosa debajo y pantalon pijama, sin temor a ser el hazmerreir o al escarnio!
En la misma habitacion de Cardaña estaba Nelson Amadeus Farragudo, aquel implacable marcador de punta, el del gol agonico al Wanderers en el 49, de sombrero de fieltro sobre los ojos, tomando mate. Le decian "El Buitre" Farragudo, no solo por la nauseabunda peladura de su cuello, sino porque, cual la conocida ave carroñera, era quien caia sobre los restos de las victimas de Cardaña, cuando este recibia a los delanteros rivales por el medio de la cancha. Por la mustia actitud de Farragudo --mitigaba el sonido del mate cubriendose la cabeza con una toalla-- comprendi que algo no andaba bien en mi amigo, su compañero de pieza, el legendario centrehalf peñarolense.
Por si no lo he dicho, Wilson Everton Cardaña tenia una cara de rasgos grandes, muy marcados. Las cejas, negras y pobladas, se juntaban sobre el puente de la nariz. Los ojos, sin ser bellos, eran saltones y parecian querer fugarse por debajo de unos parpados gruesos, de piel porosa como la de los citrus. La nariz era prominente, larga, carnosa, de aletas amplias. La boca se abultaba bajo el bigote generoso y se alargaba hacia los costados, pareciendo que las comisuras profundas podian alcanzar los peludos lobulos de las orejas, tambien enormes. Entre estos lobulos y la boca, sin embargo, se interponian dos ondonadas como tajos, arrancando desde los pomulos protuberantes para bajar y delimitar con claridad el menton avanzado y desfiante. Daba la impresion de que uno podia tomar esa porcion inferior de la cara, por aquellos surcos que partian de las mejillas, y quitarla de alli, como si fuese un aditamento plastico removible. Habia en ese rostro algo perturbador y obsceno pero, al mismo tiempo, sobrecogedor. Era como contemplar un fiordo inmemorial, un precipicio de roca desnuda, el magma primigenio. Era asomarse al inicio de la naturaleza. Y ese rostro, aquel dia, estaba transfigurado.
Consciente Cardaña de que yo habia percibido ese clima extraño y dislocado, fue hasta una comoda y saco algo de uno de los cajones. Pronto se me acerco con la facilidad que le daba nuestra confianza mutua, y me extendio una hoja de papel azul.
--Es una carta-- me aclaro.
Lei la carta y, en ella, con una letra despareja, salpicada de errores ortograficos, decia: "Soy casi un niño y, desde hace mucho tiempo, me hallo encerrado en una oscura sala del Hospital Muñoz. Padezco de un mal reversible y, por eso mismo, no estare el domingo en el estadio para alentar al glorioso Peñarol. Si no es mucho pedir, me haria muy feliz tener en mis manos la pelota con que se juege el encuentro, firmada por todo el plantel mirasol. Si es necesario pagar, adjunteme la factura, que oblare gustoso con dinero que he ahorrado privandome de la medicacion. Suyo, Jose Petunio Invenianto, cama 747."
Confieso que termine de leer aquella carta con los ojos nublados por el llanto. Cuantos purretes de hoy en dia, deslumbrados por el artificio de la tecnologia y la banalidad de la computacion, serian capaces de solicitar a su idolo deportivo el humilde y significativo obsequio de una pelota? Cuantos niños de la actualidad, engañados por la urgencia de una sociedad que no sabe de la pausa para la charla amable o la reflexion, tendrian la delicada paciencia de solicitar la pelota para "despues" del partido y no para "antes" del mismo, con todos los inconvenientes que esa voracidad podria provocar en la popular justa? Pero mi sorpresa fue inmensa y total cuando alce los ojos. Alli, delante mio, Wilson Everton Cardaña, "El Hombre", "El Capitan Invicto", "El Hacha" Cardaña estaba llorando. Aquel que hiciera callar de un solo chistido a 150.000 brasileños aterrados en el estadio Pacaembu, cuando la final de la Copa Roca! Aquel que se bajo los pantaloncitos y el canzoncillo punzo para mostrar sus testiculos velludos, uruguayos y celestes a la Reina Isabel en el mismisimo estadio de Wembley! Aquel que ya a los ocho años quebrara en tres partes el tabique nasal a su porfesora de musica en la escuelita sanducense... estaba llorando! Esta cartita escrita sobre el burdo papel azul por aquel botija preso en la fria sala del Hospital Muñoz habia hecho el milagro de ablandar el corazon, en apariencia fiero, del granitico centrehalf de Peñarol y la seleccion uruguaya.
No abundare en detalles ni cedere a la tentacion periodistica de recordar los avatares de aquel partido memorable que termino con el resultado por todos conocido. Calle la historia por mi presenciada en la habitacion de Cardaña, por pudor y por prudencia, consciente de que no saldria de mis labios ese relato, como asi tampoco de los del "Buitre" Farragudo, austero en su vocabulario como en su manejo del balon.
El lunes, al dia siguiente del encuentro, acudi al Hospital Marcelo Muñoz, a ser testigo del final de la historia. Esperaba hallar alli tan solo a Cardaña pero cuan grande seria mi sorpresa al ver a las puertas de nosocomio el plantel integro de Peñarol, algunos aun con la camiseta puesta bajo el saco, deseosos de cumplir con el pedido postal! Y lo increible, lo conmovedor, es que no se habian reunido alli por un acuerdo previo o concertado. Uno a uno, por su propia cuenta, con la misma coordinacion que ponian en el campo de juego para implementar la ley del off-side o presionar a un juez de linea, habian llegado hasta el Muñoz para acompañar al capitan en la entrega del preciado regalo! Cuanto planteles de la actualidad, ahitos de dinero y fama facil, serian capaces de repetir aquella escena, aquella convocatoria, llevada a cabo por hombres simples y cabales, deportista que no conocian los devaneos en torno a contratos fabulosos ni los desplantes exigentes por unas cuantas monedas de oro, antes de comenzar algun encuentro?
Y entonces fue el sinceramiento. Ante esa presencia masiva y espontanea, frente a tanta humanidad enternecida, Wilson Everton Cardaña no aguanto mas y lloro como una criatura. Lo segui yo y luego el plantel. LLoramos abrazados sin avergonzarnos de los facultativos que nos miraban con cierta curiosidad o de los transeuntes que acertaban a pasar por el lugar. Algun periodista, mal periodista, arriesgo luego la mezquina version que el plantel de Peñarol lloraba aun el lunes la ignominia de la abultada derrota, soslayando el hecho irrefutable de que se trataba tan solo de un acto de amor y desprendimiento. Cuantos periodistas de hoy en dia, mercenarios que ponen su pluma al servicio de quien mas paga, habrian hecho exactamente lo mismo que aquel sicario de la prensa amarilla!
Desahogados en parte, pero aun tremulos por lo tocante de la escena, pudimos seguir rumbo a la sala 2, media hora mas tarde. Adelante, Cardaña, con la numero cinco entre sus manos enormes. Atras, yo y el plantel, encolumnados en un remedo de la tantas veces repetida entrada a la cancha.
Y quiero ser cauteloso al narrar lo que sucedio despues, ya que tuvo ciertos rasgos sorpresivos e inesperados. Como asi tambien advertir al lector que mi fidelidad al relato me obliga al uso de palabras que no son de mi predileccion, a pesar de ser moneda corriente en la via publica.
Fue casi simultaneo entrar en la sala 2 e individualizar al pequeño que habia solicitado el obsequio. Tendria doce, trece años y, cubierto por un camison blanco de tela basta, se hallaba de pie sobre su cama, expectante, mirando hacia la puerta como si nos hubiese adivinado. Tal vez el revuelo de enfermeras y doctores lo alerto, quizas la intuicion infantil, o tal vez el hecho de que, nosotros, nos acercabamos cruzando los largos y umbrosos pasillos cantando la Marcha del Deporte. Parecio no dar credito a lo que veian sus ojos, las pupilas se le empañaron y comenzo a temblar como atacado por la fiebre. Impresionado, Cardaña se acerco a el y le entrego la pelota firmada por todos. El pibe la miro, nos miro a nosotros, volvio a mirar la pelota, nos volvio a mirar a nosotros y finalmente grito:
--Hijos de puta! Como pueden perder con eso chotos de Nacional?
Confieso que nos quedamos estupefactos, helados por lo sorpresivo de la agresion.
--Como carajo puede ser que esos putos nos hagan cuatro goles?-- siguio gritando el imberbe, ya absolutamente desaforado, roja la cara, las venas del cuello tensas, como a punto de estallar--. Hijos de mil putas! Troncos de mierda! Metanse la pelota en el culo!
Y, acto seguido, arrojo el balon al rostro de Cardaña, estrellandolo contra su nariz. Vi palidecer al capitan y temi lo peor.
--Vendidos!-- seguia, para colmo, el botija-- Se vendieron como unos miserables! Cuanta guita les pusieron para ir para atras, guachos de mierda?
Vi a Cardaña dar un paso hacia el muchacho y supe que no podria contenerlo.
--Cagones!--vocifero el chico, empinandose hasta caer, casi, de la cama--. Maricones! Vayan a trabajar, ladrones!
Adverti, en el ultimo instante, el brillo asesino de tigre en los ojos de Cardaña, el mismo que habia apreciado tantas veces en las inmediaciones del area, y supe que atacaba. Se lanzo con los dos pies hacia adelante en la temida "patada voladora" y alcanzo al muchacho en pleno torax, de la misma forma que puso fin a la carrera de Alberto Ignacio Murinigo, el prometedor numero nueve del River Plate. Cayeron los dos del otro lado de la cama y, sobre ellos, se abalanzo una docena de enfermeros que se habian acercado atraidos por los gritos del botija.
Salimos destrozados del Muñoz. Los muchachos de Peñarol, heridos hasta lo mas recondito por la injusticia de los agravios recibidos. Yo, por lo estremecedor de la escena presenciada.
Al dia siguiente, un medico de guardia me informo que el chico tenia cuatro costillas fisuradas, lo que obligaria a prolongar su internacion seis meses mas. Tambien me dijo que el botija padecia de una calvicie irreversible, y que habia solicitado permanecer internado a los efectos de no concurrir a una escuela tecnica que detestaba. Que era un buen chico, en verdad muy hincha de Peñarol y que, meses atras, se habia hecho regalar un planeador firmado por un diestro del volovelismo que habia batido un record sudamericano.
Muy pocos conocen esta anecdota, ya
que una conjura de silencio se cernio en torno a ella. Yo me abrigue en el
secreto profesional para no revelarla. El plantel de Peñarol callo el suceso
por un natural prurito del deportista derrotado y en cuanto al agresivo
muchacho, tengo informacion de que aun sigue en el mismo hospital, aunque ahora
con el cargo de "jefe de enfermeras". Wilmar Everton Cardaña siguio
jugando, desparramando coraje y sangre charrua en cuanto campo de juego le toco
en suerte asolar. Siguio acrecentando su fama de guapeza y virilidad sin
limites. Siguio mostrando, en suma, una sola de sus dos caras o facetas: la del
energico, petreo y filoso centrehalf de los de aquellos tiempos.
Apenas un puñado de sus mas intimos guarda, como un tesoro, el secreto de aquellas lagrimas que supo derramar ante el conmovedor y sencillo pedido de un niño.
Apenas un puñado de sus mas intimos guarda, como un tesoro, el secreto de aquellas lagrimas que supo derramar ante el conmovedor y sencillo pedido de un niño.
Este relato pertenece al libro "Puro fútbol", ediciones De la Flor, abril de 2004
Πηγή: http://www.literatura.org/Fontanarrosa/cinco_penarol.html
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CARDAÑA (WILMAR EVERTON),
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WILMAR EVERTON CARDAÑA NÚMERO 5 DE PEÑAROL
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